un pensamiento recurrente: tuvimos sexo y te sentás en la cama, de espaldas a mí. hace calor pero quiero abrazarte igual, aunque me des la espalda, aunque haga demasiado calor. te miro con atención, te escucho respirar: hemos hablado de espaldas, de cuerpos, de sentirnos feos. me gusta tu espalda, concluyo para mis adentros y apoyo mi cabeza un poco entre tu columna y tu hombro derecho, aunque haga calor, aunque me des la espalda. tengo muy presente el recuerdo de no haberlo hecho otra vez que tuve la oportunidad y todo el arrepentimiento que se arrastró con eso: cada vez que tenía que mirar al frente de la clase y estabas sentado adelante mío, cuando hablamos mucho de algo medio profundo pero estás lejos, vos en tu cama y yo en la mía. así que entonces que estábamos en la misma era el momento, aunque hiciera calor, aunque me dieras la espalda, aunque no sabía qué sentías y tampoco me animaba a preguntarte.