Habíamos tenido una conversación un poco incómoda acerca de algo bastante irrelevante yendo hasta la estación.
Quizás le haya contado sobre alguna película que enganché esa semana en el cable, como siempre creo; ella estoy seguro, me contó una teoría disparatada acerca de hinchas de Racing. Como siempre, creo.
En algún lugar adentro mío sabía que iba a ser la última vez que la viera? Sí, yo creo que un poco lo sabía, pero me daba culpa. Y a la vez: si ya no soporto su cara y si todos sus gestos me desagradan, si leer su nombre me irrita (y ni que hablar de pronunciarlo), entonces no quedaba otra, ¿no? Ella no iba a dejarme a mí, creo. No, me tenía demasiado cariño (nunca entendí el por qué).
Quizás le haya contado sobre alguna película que enganché esa semana en el cable, como siempre creo; ella estoy seguro, me contó una teoría disparatada acerca de hinchas de Racing. Como siempre, creo.
En algún lugar adentro mío sabía que iba a ser la última vez que la viera? Sí, yo creo que un poco lo sabía, pero me daba culpa. Y a la vez: si ya no soporto su cara y si todos sus gestos me desagradan, si leer su nombre me irrita (y ni que hablar de pronunciarlo), entonces no quedaba otra, ¿no? Ella no iba a dejarme a mí, creo. No, me tenía demasiado cariño (nunca entendí el por qué).