sábado, 13 de julio de 2019

El rey vago del soft rock piensa el futuro desde su sillón.
Afuera, la niebla se come todo.
Adentro, el calor que emana del calefactor no nos deja tener un sweater puesto (andamos en remera, entonces).
Se pregunta varias cosas, a saber:
?Qué será de Kiera cuando él ya no esté¿ 
?Cuánto falta para ya no estar¿


Desde afuera no parece, pero siempre está pensando en la muerte. En su muerte. Sobre todo últimamente, pero eso ya es más notorio (y él lo sabe, e intenta disimularlo pero cuando la música se detiene, cuando la banda hace un párate para pasar a otro tema, cuando él deja de cantar por un segundo y suelta el mango de la guitarra para agarrar la lata de cerveza mientras suena la parte que canta el otro guitarrista: ahí es cuando todas sus facciones se desconfiguran y por un momento deja de ser esta pseudo estrella del soft rock despreocupado -es, por un breve instante casi imperceptible, otro tipo más preocupado).
A mí lo que me mataba era que ella vendiera ropa usada por internet. ¿Qué clase de oficio es ese? Pero nunca le dije nada, no sé qué piensa él. No sé si tendría que pensar algo, pero intuyo que lo hacía, que parte de la problemática que tanto lugar ocupaba dentro suyo era esa, parte del qué pasaría con Kiera: una de las situaciones que no iba a llegar a conocer por haber dejado de existir.
Ahora, recostado en su sillón color, la ansiedad lo comía por dentro mientras permanecía completamente inmóvil. Hacía por lo menos un año que el pelo se le caía de a mechones. Incluso ahora, mientras permanecía inmóvil sobre -casi dentro de- su sillón amarillo (de ellos, de los dos, de Kiera y él, e incluso de los gatos) sentía como el pelo se le desprendía hebra a hebra del cuero cabelludo. 

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