martes, 23 de junio de 2015

File under: personajes para novela de ciencia ficción.

Julio, 43. Incinerador de banderas.

Un grado bajo cero era la sensación térmica de la mañana en que don Julio C. incineró su última bandera.
Si el mínimo era de 20 km/hr, Julio siempre iba a 15  tranqui. La vida de Julio transcurría en un plano completamente diferente al tuyo o al mío.
Nadie parecía poder explicar porque en una mañana de Septiembre la sensación térmica era de un grado bajo cero, pero pasaba. Don Julio ni se inmutaba, no consumía el Servicio Meteorológico (acaso era ése su secreto).
La camioneta con logo oficial que rezaba alguna frase en latín en letras cursivas se estacionó cerca de las 9 AM en la esquina de Moreno y Ayacucho. No fue hasta bien entradas las diez de la mañana que Don Julio descendió de la camioneta y comenzó con la parte más ardua de su trabajo: espantar a la chusma. Más de 35 años con el mismo régimen y los sorprendente no era que todavía quedaran banderas por quemar, sino que la gente todavía quisiera ser partícipe del espectáculo. Espantó primero a los niños que estaban solos, y luego a los que traían con sí algún adulto o mascota; los últimos eran siempre los adolescentes, que se iban solos ante la incomodidad de compartir una actividad de más de diez minutos con un mayor de 20.
Cuando todo el perímetro estaba bien cercado y el fuego bien encendido, don Julio se llevó una mano al bolsillo de su jardinero color azul y extrajo un celular. La gente, de lejos, miraba expectante. 
Don Julio guardó el celular en el bolsillo del cual antes lo había extraído al cabo de algunos momentos, pero no siguió con su labor. En cambio, lanzó una exclamación que hasta aquellos que había quedado medio alejados de toda la horda de gente apiñada contra el cerco colocado por don Julio pudieron oír: ¡La puta que los parió a todos, hijos de puta! Y acto seguido, corrió con una agilidad impensada para su edad y peso hasta perderse de vista.
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Hoy comí con un xic0 y fue medio raro.
Me compró un sanguche de queso (?).

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