lunes, 18 de abril de 2011

Depresión I

Felicidad anfetamínica, música eufóricamente amargada y un puñado de analgésicos, para dormir profundo y no soñar con abandono. La morfina tiene gusto a tus labios, ¿o tus labios tienen gusto a morfina? Justo cuando pensaba que ya todo había terminado, no creemos con el permiso de llamarnos de la peor manera; todo lo que termina, mal lo hace.
Hay un libro que nunca más leí, unas canciones que hace rato no escucho y palabras que ya no están en mi vocabulario; ropa con sabor a morfina, pensamientos con olor a vos.
¿En qué me convierto, de qué me disfrazo? Todavía no lo pude averiguar.
Todos esas prosas lindas, con perfume y cintas color rosa bebé enlazadas por doquier, están enterradas. Un desperdicio.
Sonrisas que desbordan de hipocresía, mentiras sin respaldo, y la necesidad de ser encontrada. Luces de colores y gente que se agita feliz a mi alrededor; y en lo único que puedo pensar es en vos; y debería ser el mejor día de mi vida, pero no puedo dejar de pensar en vos.
Vagones descarrilados, ya no somos los nenes buenos de antes, somos víboras al asecho, medusas cargadas de electricidad, algún ser que espera su oportunidad en la oscuridad. Somos malos.

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