Le subió el volúmen al cd que había puesto. No era buen disco, pero a ella le llegaba y en ese momento de su vida parecía que nunca iba a poder dejar de escucharlo. Ya había pasado, obvio, pero ahí estaba pasando otra vez. Otra vez todo. Una noche te acostás y estás maravillosamente bien y se pueden dormir unas 5 o 6 horas; la siguiente se acuesta y no puede parar de llorar, las horas pasan, se pone los auriculares, intentá escuchar música, las canciones pasan, las horas nunca dejaron de pasar y ya hay que levantarse de nuevo y seguir viviendo a pesar de todo. A pesar del llanto que dura 5 o 6 horas, a pesar de la falta de sueño, a pesar de las palabras y los insultos y las peleas. Hay que salir al mundo.
Pero ahora, hoy, ese día se había terminado y ella estaba acostada, tirada en la cama con ese infame disco sonando relativamente fuerte. Las canciones pasaban como la nohe anterior habían pasado las horas: a través de un llanto que más bien eran muchos sollozos silenciosos, mezclados con intentos por cantar parte de la letra y con ideas y recuerdos que preferiría no tener nunca más.
El décimo tema era, en ese momento de su vida, una canción que estaba en el camino a convertirse en una favorita. Ya había pasado la etapa de repetirla dos veces cuando escuchaba todo el disco entero, ahora tenía que escucharla por lo menos tres veces, y ya intentaba memorizar toda la letra. Pronto estaría buscando videos en vivo y diferentes versiones, para luego escuchar cada una cuidadosa y atentamente, repitiendo mentalmente la letra a medida que sucedía, separando frase por frase y ajustándola a su situación personal. Quizás otra persona hubiese compartido la canción, puesto un link. Pero ella no. No podía.
Igual todavía sonaba la séptima canción. No entendía esa canción. No era mala (en ese momento de su vida no hubiese podido admitir que sí, quizás 3 o 4 de los 13 temas estaban de relleno, lo cual no quería decir ni a palos que fuera un disco malo... hay que hacer 13 realmente buenos temas y estos muchachos eran sólo otra banda que había surgido en el momento y lugar justo, con el sonido que a alguien le pareció que se necesitaba allá afuera), pero no se destacaba, era una de esas cancion cuya letra o melodía no podía memorizar a pesar dehaber escuchado el disco ya incontables veces. Y qué. Ella de todas formas seguía sumida en su angustia feliz, su tristeza entendida, comprendida por aquellas 13 canciones, durante esos cuarentay tres minutos y medio de balbuceos de guitarras eléctricas a través (había contado ella) dos o tres pedales diferentes, buena voz para ese tipo de música, impecable southern accent, bajo y baterías decentes que aparecían en momentos muy cuidados, cuando las guitarras lo permitían; pero, sobre todo, cuarenta y tres minutos de lírica con vagas refencias culturales, líricas que ella había escuchado, leído, interpretado y adoptado como propias. Le cantaban a ella, y a ella sola. A ella que no podía dormir porque se angustiaba, a ella que tenía que seguir viviendo a pesar del insomnio recurrente, a ella cuyo día había terminado hacía 40 minutos, más los ventiocho del disco que ya habían pasado y quedaban menos de veinte y ella ya había decidido escucharlo de nuevo una vez que terminara, pero esta vez con el booklet en mano, por las dudas.
El noveno tema terminaba y ya llegaba el décimo, el (prontamente) favorito. La canción con la letra con la que más se había sentido identificada, con la frase que resumía todo aquello que ella sentía en ese momento de su vida, toda su situación, la causa de su insomnio y (casi) todos sus problemas. Subió el volúmen. Estaba acostada boca arriba, ojos cerrados, brazos y piernas extendidos. Hizo su mejor esfuerzo por cantar bien la letra, cada verso, cada palabra memorizada. Y durante las partes sin letra se dejó llevar por la melodía, cada acorde, cada nota, la batería que venía muy por atrás y envolvía todo y se lo llevaba y finalmente la voz volvía a aparecer, y ella cantaba hasta la última palabra, sabía de memoria las peculiaridades de la pronunciación de cada sílaba y por con qué rimaba cada una; le había adjudicado su propio significado a cada frase y en ese momento de su vida estaba convencidísima de que todo el disco había sido escrito y compuesto con el fin de hacerla sentir mejor, de ponerle una nota de felicidad a ese momento de insomnio y tristeza.
Y la canción terminaba e inmediatamente ella la repetía y todo volvía a suceder. Se permitía vivir en ese loop por unos veinte minutos; parar el mundo y sentirse comprendida y un poco menos triste que antes.
Y a la cuarta repetición sintió ganas de compartir suamor afición por esa canción con el mundo (su mundo); pero inmediatamente recordó que no podía, que otra persona ya la había compartido el día anterior, con la mismísima frase que ella hubiera resaltado, y ella misma había indicado que le gustaba, que le parecía bien, que estaba de acuerdo. Que empatizaba, y ahí en ese momento fue cuando todo cobró un significado diferente al que venía teniendo, y ella aprovechó la quinta repetición para prestar especial atención a aquella parte de la letra e intentar ¿adivinar? qué era lo que aquella otra persona podía llegar a interpretar desde esa frase, su frase. ¿Frase de quién? Y envuelta en todas estas ideas, en un momento indefinido se quedó dormida. Pasada una semana o dos ya no querría escuchar más ese cd, y quedaría guardado cuidadosamente o no en algún lugar, con otros cds o no; y en mucho tiempo ella quizás lo encuentre pero decida no escucharlo por los recuerdos, porque habrá música que una no escucha porque está pegada felicidades ahora ausentes, pero también pasa al revés, y ella iba a pensar en ese disco como la banda sonora a su insomnio por tristeza y angustia por insomnio e insomnio por angustia y tristeza y no iba a poder escucharlo, y no iba a querer escucharlo.
Pero ahora, hoy, ese día se había terminado y ella estaba acostada, tirada en la cama con ese infame disco sonando relativamente fuerte. Las canciones pasaban como la nohe anterior habían pasado las horas: a través de un llanto que más bien eran muchos sollozos silenciosos, mezclados con intentos por cantar parte de la letra y con ideas y recuerdos que preferiría no tener nunca más.
El décimo tema era, en ese momento de su vida, una canción que estaba en el camino a convertirse en una favorita. Ya había pasado la etapa de repetirla dos veces cuando escuchaba todo el disco entero, ahora tenía que escucharla por lo menos tres veces, y ya intentaba memorizar toda la letra. Pronto estaría buscando videos en vivo y diferentes versiones, para luego escuchar cada una cuidadosa y atentamente, repitiendo mentalmente la letra a medida que sucedía, separando frase por frase y ajustándola a su situación personal. Quizás otra persona hubiese compartido la canción, puesto un link. Pero ella no. No podía.
Igual todavía sonaba la séptima canción. No entendía esa canción. No era mala (en ese momento de su vida no hubiese podido admitir que sí, quizás 3 o 4 de los 13 temas estaban de relleno, lo cual no quería decir ni a palos que fuera un disco malo... hay que hacer 13 realmente buenos temas y estos muchachos eran sólo otra banda que había surgido en el momento y lugar justo, con el sonido que a alguien le pareció que se necesitaba allá afuera), pero no se destacaba, era una de esas cancion cuya letra o melodía no podía memorizar a pesar dehaber escuchado el disco ya incontables veces. Y qué. Ella de todas formas seguía sumida en su angustia feliz, su tristeza entendida, comprendida por aquellas 13 canciones, durante esos cuarentay tres minutos y medio de balbuceos de guitarras eléctricas a través (había contado ella) dos o tres pedales diferentes, buena voz para ese tipo de música, impecable southern accent, bajo y baterías decentes que aparecían en momentos muy cuidados, cuando las guitarras lo permitían; pero, sobre todo, cuarenta y tres minutos de lírica con vagas refencias culturales, líricas que ella había escuchado, leído, interpretado y adoptado como propias. Le cantaban a ella, y a ella sola. A ella que no podía dormir porque se angustiaba, a ella que tenía que seguir viviendo a pesar del insomnio recurrente, a ella cuyo día había terminado hacía 40 minutos, más los ventiocho del disco que ya habían pasado y quedaban menos de veinte y ella ya había decidido escucharlo de nuevo una vez que terminara, pero esta vez con el booklet en mano, por las dudas.
El noveno tema terminaba y ya llegaba el décimo, el (prontamente) favorito. La canción con la letra con la que más se había sentido identificada, con la frase que resumía todo aquello que ella sentía en ese momento de su vida, toda su situación, la causa de su insomnio y (casi) todos sus problemas. Subió el volúmen. Estaba acostada boca arriba, ojos cerrados, brazos y piernas extendidos. Hizo su mejor esfuerzo por cantar bien la letra, cada verso, cada palabra memorizada. Y durante las partes sin letra se dejó llevar por la melodía, cada acorde, cada nota, la batería que venía muy por atrás y envolvía todo y se lo llevaba y finalmente la voz volvía a aparecer, y ella cantaba hasta la última palabra, sabía de memoria las peculiaridades de la pronunciación de cada sílaba y por con qué rimaba cada una; le había adjudicado su propio significado a cada frase y en ese momento de su vida estaba convencidísima de que todo el disco había sido escrito y compuesto con el fin de hacerla sentir mejor, de ponerle una nota de felicidad a ese momento de insomnio y tristeza.
Y la canción terminaba e inmediatamente ella la repetía y todo volvía a suceder. Se permitía vivir en ese loop por unos veinte minutos; parar el mundo y sentirse comprendida y un poco menos triste que antes.
Y a la cuarta repetición sintió ganas de compartir su
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