Quería morir. O más bien, no le importaba que tuviese que suceder, en tanto y en cuanto el dolor terminara.
Se tendió en la cama recién hecha boca arriba y cerró los ojos. Con la mano izquierda y sin moverse de su posición, tanteó sobre la mesita de luz hasta dar, primero con cajón y después con el arma que en él había guardado.
Temblando ligeramente y forzándose a no abrir los ojos todavía, introdujo de la forma más lenta y calma que pudo el revolver en su boca, el metal ancho del arma le producía una ligera molestia a él, que era de boca pequeña; el frío del metal también lo incomodaba un poco. Intentando no pensar en nada, le ordenó a su cerebro mover las falanges del dedo índice de la mano izquierda, justo en el preciso momento en el que comenzaba a sentir una especia de picazón en el tobillo derecho. Y eso fue lo último que Felipe sintió.
Se tendió en la cama recién hecha boca arriba y cerró los ojos. Con la mano izquierda y sin moverse de su posición, tanteó sobre la mesita de luz hasta dar, primero con cajón y después con el arma que en él había guardado.
Temblando ligeramente y forzándose a no abrir los ojos todavía, introdujo de la forma más lenta y calma que pudo el revolver en su boca, el metal ancho del arma le producía una ligera molestia a él, que era de boca pequeña; el frío del metal también lo incomodaba un poco. Intentando no pensar en nada, le ordenó a su cerebro mover las falanges del dedo índice de la mano izquierda, justo en el preciso momento en el que comenzaba a sentir una especia de picazón en el tobillo derecho. Y eso fue lo último que Felipe sintió.
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