martes, 3 de enero de 2012

- Perdón. -dijo, y lo miró cabizbaja; acto seguido comenzó a alejarse, primero caminando y después corriendo. Así él no podría ver cómo lloraba.
- ¡Y te extraño, aunque no deba y aún si no te importa! -atinó a gritar, estando ya muy lejos.
Sintióse muy mal por haberle dicho lo que le dijo. El pedir perdón y llorar desconsoladamente no servían de nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

críticas a mi autoestima delírica