- Perdón. -dijo, y lo miró cabizbaja; acto seguido comenzó a alejarse, primero caminando y después corriendo. Así él no podría ver cómo lloraba.
- ¡Y te extraño, aunque no deba y aún si no te importa! -atinó a gritar, estando ya muy lejos.
Sintióse muy mal por haberle dicho lo que le dijo. El pedir perdón y llorar desconsoladamente no servían de nada.
- ¡Y te extraño, aunque no deba y aún si no te importa! -atinó a gritar, estando ya muy lejos.
Sintióse muy mal por haberle dicho lo que le dijo. El pedir perdón y llorar desconsoladamente no servían de nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
críticas a mi autoestima delírica