Le sangraba la oreja. La sangre comenzó a brotar desde su más reciente perforación, extendiéndose espesa y roja a lo largo de toda su oreja. No le importaba.
Frente al espejo, quieto, muy quieto, observaba atentamente cómo caía la sangre, y cuando ésta llegó a su hombro, manchando su camisa, se dedicó una amplia sonrisa a si mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
críticas a mi autoestima delírica