sábado, 1 de febrero de 2020

El primer femicidio del que me acuerdo fue el de Natalia en el 2001. Mi papá tenía un paciente de hacía muchos años al que había atendido durante todo ese año gratis porque el padre no podía pagarle. A fin de año le debía tanta plata que le ofreció pasajes y una casa para quedarse en la costa (tenía una agencia de turismo). Así terminamos en Miramar. Yo tenía 7, y no había tele, pero mi mamá encontró una radio y cuando estábamos en la casa la prendía. Me acuerdo que de la radio escuché que iba a haber una marcha por Natalia, que algunos vecinos decían ver su cadáver merodeando por la ciudad (yo pregunté qué era un cadáver y la respuesta me dió miedo), que aconsejaban a los padres de chicas adolescentes no dejarlas solas por la ciudad. A la tarde fuimos a la playa y después a uno de esos lugares con juegos de arcade, pero nos fuimos rápido porque estaban cerrando todos los negocios por la marcha. Yo no lo entendí y mi mamá me dijo algo que me hizo relacionar para siempre los juegos esos con tipos vestidos con sweater negro- en pleno verano- y barba candado que vienen a llevarte para convertirte en cadáver. Me acuerdo que mientras pensaba en la palabra cadáver caminábamos por un local que tenía una máquina blanca con un dibujo de los Simpsons, pero sólo se veía Marge desde el lado por el que pasábamos.

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