Ella odia los adornos. Letras cursivas, colores, subrayados y demás parafernalias que disfrazan las más nefastas mentiras, blasfemias y demás estupideces. No le parecía mal o impropio como escritora de cosas serias, usar como calificativo la palabra 'estupidez'.
Esa tarde no podía escribir nada, parecía como si todas las emociones que la embargaban a diario la hubiesen abandonado, dejando su ser impávido, impasible y calmo justo aquella tarde en la que disponía de tiempo para dejarlo todo en su bloc de notas.
No podía tocar el violín. No, desde luego. El violín yacía en su estuche, destrozado. Había sido víctima de su frustración.
Frustración.
Hacía meses que Victoria no hacía nada productivo. Meses.
Esa tarde no podía escribir nada, parecía como si todas las emociones que la embargaban a diario la hubiesen abandonado, dejando su ser impávido, impasible y calmo justo aquella tarde en la que disponía de tiempo para dejarlo todo en su bloc de notas.
No podía tocar el violín. No, desde luego. El violín yacía en su estuche, destrozado. Había sido víctima de su frustración.
Frustración.
Hacía meses que Victoria no hacía nada productivo. Meses.
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críticas a mi autoestima delírica